Publicado por: Periódico Centrópolis (Ver artículo)
Escrito por: Vanessa Martínez Zuluaga
 
Fotografías: Sergio González y Juan David Duque
 
Recorrer, habitar, aprender: tres verbos que describen un proceso en el cual la ciudad se convierte en maestra. Conozca cómo a partir de recorridos pedagógicos, más de 600 jóvenes de Medellín se acercaron a las dinámicas del centro y de la ciudad.
 
 
 

La exploración, los recorridos y las caminatas han sido la forma esencial para descubrir el mundo, de ir expandiendo los horizontes de la humanidad. Así ha sido desde los primeros tiempos del hombre y así continuará siendo, porque incluso en un mundo superpoblado y con avances tecnológicos que superan cualquier imaginario, explorar nuevos lugares e incluso revisitar algunos, con distintas perspectivas, seguirá siendo una actividad pertinente, oportuna y edificante.

En Medellín hay una cantidad considerable de iniciativas que realizan recorridos de ciudad. Los hay turísticos, ecológicos, con enfoque en los territorios. Están los de las miradas sociales y hay otros académicos. También existen colectivos culturales que se han dedicado a desentrañar las expresiones de la sociedad medellinense a punta de viajes a pie: Distrito Candelaria y Bajo la piel de Medellín son dos ejemplos claros de esto.

“Decía San Agustín: No se ama lo que no se conoce”

En 2014, con una ciudad expectante y un centro rico en diversidad y cultura empezó a pensarse un proyecto en el que “callejear” fue la premisa y hacerlo con un método el fin. La primera idea de lo que luego sería Medellín en la Cabeza se le escuchó a la entonces secretaria de la juventud, Valeria Mejía, cuando en un viaje a España conoció un proyecto en el cual los estudiantes podían aprobar una materia asistiendo a tantos conciertos, funciones de cine, exposiciones de museos, centros culturales u obras de teatro como pudieran. Así simplemente. La idea era consumir cultura para conseguir una nota académica.

“Con Medellín en la Cabeza se buscaba llegar más allá. Se trataba de llevar la calle a las aulas y, por otro lado, hacer de la propia ciudad un aula abierta, un escenario para la educación, un territorio expandido. El reto implicaba cambiar la idea de la calle como un lugar de miedo, de riesgo, de vagancia, para pensar que callejear -como luego sería el lema del proyecto- sí educa”, relata el periodista Julio César Orozco Ospina, en el texto “Llevar a Medellín en la cabeza”, un pequeño librito que repartían algunos chicos en el evento de cierre que se llevó a cabo durante el mes de noviembre en el insigne Teatro Pablo Tobón Uribe, institución aliada del proyecto.

“Hay que salir con preguntas, es la esencia de callejear. Preguntas sencillas, no se trata de preguntas de tesis de maestría, ni de formulación de marco teórico, preguntas tan simples como, por ejemplo, por qué un barrio se llama de tal forma”, dice Juan Carlos Posada.

Pero entonces, ¿qué es Medellín en la Cabeza? Básicamente nueve formas en las que jóvenes de 14 a 28 años pueden caminar la ciudad, a través de nueve rutas temáticas, cada una con un énfasis diferente, estas son: Territorios jóvenes nocturnos; ¿Tiene Medellín campesinos?; Equipamientos públicos para la ciudadanía; Haciendo memoria para construir futuro; Medellín en movimiento; Somos jóvenes, somos diversos; y la única ruta diseñada exclusivamente para recorrer un territorio: El centro.

697 jóvenes de distintas comunas caminaron el centro en una totalidad de 26 recorridos realizados en el marco de la ruta “El centro: un lugar para descubrir”, algunos ya transitaban este territorio y otros, con el rastro de un estigma heredado, empezaron a cambiar su opinión. ¿Qué hace especial este lugar y por qué existe una ruta diseñada exclusivamente para descubrirlo? Hay diversas respuestas desde el proyecto, todas resaltan la importancia patrimonial y cultural que tiene la comuna 10.

Además, La Candelaria cuenta con la oferta educativa más amplia de la ciudad, el grueso de las compañías de teatro y teatros de la ciudad habitan este sector e incluso, si se quiere hablar de movilidad, es la zona precisa dado que por condiciones geográficas deben atravesarla todos los buses del transporte público de la ciudad.

Al indagar cuál es el encanto especial que tiene el centro de Medellín y por qué incluso otras rutas temáticas también pasaban por esa aula abierta que es el centro, la respuesta de Juan Carlos Posada, coordinador operativo de Medellín en la Cabeza, siempre fue irrefutable: “El centro es el espacio público de toda la ciudad… lo podemos visitar para hablar de movilidad, también de cultura, de patrimonio, de vida nocturna e incluso de campesinos, por ejemplo, en las visitas que hicimos a la Placita de Flórez”.

Las anécdotas dan cuenta de una juventud interesada, más en vivir la experiencia que en sentarse a escuchar una larga charla al respecto. Una visita al Parque del Periodista, en la ruta “Haciendo memoria para construir futuro”, donde visitaban la escultura de Los niños de Villatina (que conmemora la masacre de nueve niños a manos de policías vestidos de civil), se convirtió también en un recorrido guiado, por la directora de la Academia Antioqueña de Historia. “Los chicos no podían creer que justo al lado de El Parque del Periodista quedara ubicada dicha academia, ella muy amable los invitó a pasar y ellos muy interesados no dejaron de hacer preguntas. La visita duró más de dos horas”, agregó Posada, quien destacó la capacidad de interacción de los jóvenes en el territorio.

Recorriendo el corazón de Medellín

En esta ruta la diversidad cultural, académica, comercial, histórica, patrimonial, arquitectónica y artística, la comuna 10 pudo ser reconocida por cientos de chicos que se inscribieron en los recorridos con enfoque en este territorio. “El centro de Medellín es la diversidad, es esa posibilidad de construir con el otro en medio de la diferencia. El centro es también la posibilidad de habitarlo y rehabitarlo de muchas maneras. Es un espacio que tiene su propia dinámica y su propia vida, lo que tenemos es que darle sentido y hacer que gente de toda la ciudad quiera venir y descubrirlo”, afirmó Juan Carlos Posada, arquitecto, callejero y coordinador operativo de Medellín en la Cabeza.

Callejear sí educa, sobre todo cuando se hace con método.

En el centro las rutas incluyeron a La Plaza de Botero, la Placita de Flórez, la Casa Barrientos, la Plazuela San de Ignacio, los Costureros de Boston, el Centro Colombo Americano, Comfama, el Edificio de la Cultura de la Cámara de Comercio, Niquitao, el Edificio Coltejer, el barrio Jesús Nazareno, la Casa Tres Patios, Casa Encuentro, el Teatro Pablo Tobón, el teatro El Trueque, ADIDA, El Museo Casa de la Memoria, las Torres de Marco Fidel, el Parque del Periodista, La Casa Centro Cultural, el Teatro Matacandelas, el Pequeño Teatro, la Avenida La Playa, el Banco de la República y una larga lista que podría seguir sin parar, porque como comenta Posada: “El centro es el espacio público de todos los ciudadanos de Medellín”.


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Por Laura López

 

Un total de 50 jóvenes, en el centro de Medellín, reciben formación en liderazgo y en las labores propias de una Junta de Acción Comunal. Para que participen en estos escenarios y le aporten a su comunidad.

 

Para Lorena Briceño Villa, estudiante del grado noveno de la Institución Educativa Ana de Castrillón, ubicada en el barrio Las Palmas, una Junta de Acción Comunal (JAC) era “un grupo de adultos mayores” que se reunían para organizar temas “como salidas deportivas del Inder”, pero luego de participar en la iniciativa de semilleros juveniles para la promoción, participación y articulación a las JAC de la Comuna 10, se dio cuenta del rol que tienen estos escenarios para lograr avances en temas de convivencia, educación, cuidado del medio ambiente y seguridad en los diversos barrios de la ciudad.

“Este proceso ha sido para mí algo diferente, porque nosotros venimos al colegio a ver las materias académicas, mientras que con esta formación nos enseñan sobre temas externos a la institución, como la forma en que podemos ayudar a nuestra comunidad y a otras personas que carecen de medios para comunicar sus problemas y que ni siquiera saben qué es una JAC. Yo pensaba que en este tipo de espacios se sentaban simplemente a hablar de diversas cosas, pero ya nos han explicado que desde allí se pueden liderar proyectos para la juventud, que es la responsable de los cambios para la vida”, expresa la estudiante.

“Los jóvenes han recibido conferencias con sentido, que les ha permitido enamorarse de este proceso. Además, se ha generado una verdadera articulación entre la JAC y la institución educativa”, dice Héctor Mauricio Calle Gallego, rector de la Institución Educativa Ana de Castrillón.

Ella, y 50 jóvenes más, llevan cerca de tres meses en este proceso, en donde han aprendido que pueden aportar a un nuevo ambiente y que por estar dentro de la sociedad tienen la responsabilidad de ayudar a sus vecinos.

“Hemos visto que la participación en las 12 juntas que existen en la Comuna 10 son en un 90% adultos mayores. Por eso, estos talleres que se dictan en las instituciones educativas se realizan con miras a que la juventud participante quede con la capacidad de vincularse y reemplazarnos como líderes. Nosotros con esta iniciativa los formamos en temas como el presupuesto participativo, les enseñamos cómo gestionar los proyectos, los presupuestos que tienen y las becas juveniles de Sapiencia”, afirma Jorge León López Monsalve, presidente de la JAC Villanueva.

Se fortalecen lazos

Hernán Darío Quintana Valdés, vicepresidente de la Junta de Acción Comunal de Villanueva y responsable de la iniciativa, manifiesta que el proyecto surgió cuando varios miembros de la JAC se cuestionaron acerca de la baja participación de los jóvenes en esta organización. “Por eso, elaboramos un proyecto que fue presentado a la Secretaría de Participación Ciudadana de la Alcaldía de Medellín, con el objetivo de mostrar la necesidad de que los jóvenes sean formados en las competencias ciudadanas que tradicionalmente no se están trabajando en las aulas. Además, existe poca información en las instituciones educativas acerca de las acciones comunales. Creemos que es fundamental para Medellín que los estudiantes participen de este proceso, porque son quienes deben quedar con el legado de conocimiento sobre los temas de participación ciudadana que se trabajan en las juntas”, detalla Quintana Valdés.

En el proyecto se trabajan estrategias para que las JAC tengan una adecuada relación con los educadores, coordinadores académicos y rectores. Una de estas es hacerlos partícipes de sus reuniones, y así expandir este futuro discipulado para las JAC. Las instituciones educativas Ana de Castrillón y Tulio Ospina son las que hasta ahora se han sumado a desarrollar esta iniciativa.

50 jóvenes de las instituciones educativas Ana de Castrillón y Tulio Ospina cuentan ahora con formación en liderazgo y en labores de una JAC.

“Lo más enriquecedor ha sido la parte lúdica, porque a través del juego hemos logrado que los jóvenes se encuentren a sí mismos y manifiesten interés en la participación y en ser líderes. La energía de ellos es la fuerza de nuestra ciudad y nuestros barrios, es la que tenemos que aprovechar. Buscamos ganarle al liderazgo negativo y que estos jóvenes sean activos en las soluciones de las problemáticas de la ciudad”, asevera Edison Eduardo Zapata Arroyave, coordinador académico y de convivencia de la I.E. Ana de Castrillón.

Aprendizaje significativo

Para el estudiante Juan Pablo López Mejía, del grado décimo, el programa le ha cambiado la vida porque se ha podido fortalecer en sus capacidades de liderazgo, las cuales considera de vital importancia: “Un líder contribuye a que las personas puedan tener mayor iniciativa y, desde la perspectiva del ser, que tengan una buena forma de vida, para así evitar que se atente contra la integridad de otros y trabajar en esto, no solo con los amigos cercanos y familiares, sino también con vecinos de la comuna”.

Además, Juan Pablo se ha dado cuenta de que por medio de la democracia es posible incidir en temas como la educación, que es la base principal de los jóvenes.

En su colegio se ha venido practicando la pedagogía del acuerdo. Consiste en que todo lo que pase se habla y el estudiante se convierte en el responsable de sus acciones. Cuando aparece la propuesta de la JAC Villanueva a la institución, esta se convirtió en un complemento para dicha pedagogía. Porque se trabaja el liderazgo y la JAC como encargada de los temas sociales externos a la institución. Conversan con los jóvenes sobre lo que ellos hacen, los capacitan en valores y les muestran la junta como un escenario para formarse.

Se proyecta que para el próximo año se formarán por lo menos 50 jóvenes más.

“En la educación muchos aprendizajes no son significativos, porque el estudiante no sabe para qué sirven. En cambio, cuando se les enseña algo y se les muestra para qué sirve en la vida real este nuevo conocimiento se hace significativo. Es lo que ha sucedido con el proyecto, al invitarlos a ser parte de la JAC, formarlos en lo que hace este escenario, en la manera en que pueden ser líderes en el barrio, en su comunidad e institución y su responsabilidad con cada uno de estos ámbitos”, concluye Héctor Mauricio Calle Gallego, rector de la Institución Educativa Ana de Castrillón, inscrita a la Secretaría de Educación de Medellín.


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Producido por: comuna10.com

 

Participar de la vida social y cultural del centro de Medellín puede hacerse de diversas maneras.

Una de ellas la que ha encontrado Fernando, un artista que desde la pintura en tiza sobre el pavimento deja regalos dispuestos al disfrute de transeúntes.

 

La obra que le puso llevar entre tres y cinco horas realizarla puede borrarse en cuestión de segundos, solo es cuestión que una lluvia caiga sobre el centro de la ciudad o que el tráfico de personas empiece a cumplir con la labor del borrador con sus pies.

De esta manera los artístas participan con la construccióon de ciudad, desde sus trazos, desde sus ilusiones.

 

Este video hace parte del proyecto de Fortalecimiento al sistema de comunicación pública para la promoción de la participación ciudadana, ejecutado por la Universidad de Antioquia. 

 


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Si uno quisiera una buena demostración de lo bueno que podría llegar a ser el Arte, ningún lugar puede ser mejor que el Centro de la Ciudad, que constantemente se reinventa y anuncia la presencia de una gran masa de novedades, eventos, exposiciones, casi todas ellas testimonio vívido de la medida en que el visitante conozca y el dueño del lugar tenga o no tenga la menor idea de lo que exhibe.

La obra Callejera es supremamente fuerte, todos estos tags siempre mostrando su cara agresiva o tierna, en ocasiones hasta despiadada, pero no se libra a la fácil simulación emocional que es del gusto institucional del publicista, ni del cinismo mimado o al sensacionalismo simplista que está por todas partes en la Colección de Muros sin nombre del centro de Medellín….

¿Qué importancia podría tener atribuirles a aquellas manos creadoras un nombre perdido? Los niños, cuando alguien les lee un libro, casi nunca piensan que detrás de esa historia que los atrapa haya un autor; la oyen y se apropian de ella como si la historia se hiciera sola y como si el espíritu del cuento fuera un viento que trae cosas, sonidos y palabras recogidos por la calle.

Los artistas modernos, en especial los vanguardistas, se entregaron a la imposible tarea de empaparse de modernidad renunciando, al mismo tiempo, a la sociedad de su época. Todos ellos rechazaron la tradición y buscaron nuevos horizontes morales. Esto fue lo que los hizo modernos. Odiaron el estilo de vida occidental, sus academias, su capitalismo, su burguesía y la monótona rutina que desecaba el espíritu y sumía en la apatía.

En estas calles, el transeúnte se enfrenta a obras que, al ilustrar con transparencia la nadería, la estulticia y el menosprecio por el talento y el sentido común, se convierten en las peores enemigas de la corriente que representan. Sin entrar en causticas que no tienen nada que ver con las obras sobre las que se discute, sin generalizar a partir de las excepciones afortunadas y sin acudir al auxilio de Foucault y Deleuze para refutar lo que salta a la vista; hemos sentido alguna vez en una galería de arte contemporáneo: el sinsabor de que cualquiera podría hacer "eso", el fastidio ante la retórica que pretende darle peso al vacío, y el deseo de tomar una escoba y un par de bolsas negras para completar una obra inconclusa. 

Tal vez, a la hora de la verdad, el hombre es apenas un marchante del montón, no demasiado brillante, que ni tiene ni se ha ganado el derecho a imponer un gusto en el territorio del modernismo tardío. Su ejercicio de mitificación ha sido apenas una carrera en un callejón sin salida.

Por Verónica Vergara González DAMN NORMA

Desde El Poblado hasta Niquía, desde Robledo hasta Santo Domingo, los semáforos o “faros” de Medellín están siendo invadidos por una clase muy singular de inmigrantes: con franelas vinotinto y tenis a la moda, decenas de jóvenes venezolanos bailan, saltan, gritan al ritmo de la música.

La difícil situación de miles de venezolanos se ha traducido en una de las migraciones más importantes en América Latina de los últimos tiempos. Los venezolanos en Medellín ya se cuentan por centenas, quizás por millares. Algunos tienen un don especial: el baile urbano por excelencia, el B-boy.

 MG 4146Son auténticos acróbatas: algunos fueron tan destacados que en la era dorada del chavismo representaron a su país en importantes competencias de Break-dance en países como Francia y España. Hoy hacen shows callejeros en los semáforos y en pasajes peatonales como Carabobo y Junín, también en el Parque de Bolívar, El Parque Lleras y el Parque de Bello.

Su arte es algo diferente para ver, pues son más bien pocos los colectivos locales de danza callejera, aunque por su puesto existen los Colectivos de Parkour Aurora y un puñado más de colectivos de afrodescendientes que le ponen ritmo a la Navidad en la Avenida La Playa.

Muchos de los bailarines venezolanos radicados en Medellín viven en pensiones y hoteles del centro, donde conviven con artesanos, obreros, prostitutas y toda clase de gente humilde del centro de Medellín. A veces se juntan de a 3 o 4 y hacen presentaciones en los semáforos, y el fin de semana, se juntan más, hasta 10 bailarines, y hacen shows más complejos en sitios de alta afluencia de público.

El B-boy callejero es un trabajo duro y se gana poco en comparación a lo que gana un bailarín de espectáculo, como los que acompañan con su baile a los cantantes de reguetón. Si no les va tan mal, logran recoger quince o veinte mil pesos para casa uno después de 9 o 10 shows de baile.

Al final del día los B-boy quedan extenuados, a veces con moretones en los codos, las rodillas y la cara. Además, las manos les quedan negras por el asfalto y llenas de ampollas. Y todavía queda caminar o pedalear hasta la pensión, con un parlante pesado a cuestas, para después contar todo el dinero y repartirlo por partes iguales para cada uno de los bailarines.

La explosión de baile de Venezuela no es solo en Medellín. Hay B-boy y B-girls venezolanos (este baile no distingue géneros) en Cartagena, Santa Marta, Cali y Bogotá. Muchos otros han viajado incluso más lejos: Quito, Guayaquil, Lima, La Paz y Buenos Aires. Todo un movimiento.

En nuestra ciudad, uno de los colectivos más sólidos es Antimotin, quienes llevan más de un año consolidando un grupo, un concepto y un show. Si quieres saber más de ellos visita su Instagram @antimotincrew o escríbeles a Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.

Por Agustín Patiño

Desde hace casi cuatro años, cientos de comerciantes del sector de Los Puentes se asentaron debajo del viaducto del Metro y construyeron un auténtico mercado al aire libre donde hoy se pueden encontrar prendas de segunda, electrodomésticos, herramientas de albañilería, bicicletas, muebles y hasta barberías improvisadas.

En uno de los costados de la Estación Prado hay un grupo de jóvenes, todos con la piel morena, que se arremolinan alrededor de una extensión naranja. En ella, cada uno pega un multitoma y en él conectan parlantes y máquinas de barbería. Se trata de una barbería improvisada en plena calle, donde se ofrecen servicios desde dos mil pesos (un corte rápido y parejo con la cero) hasta doce mil pesos y más, cuando la motilada viene con algún diseño tribal y pulida de la barba.

Este colectivo de barbería, como podría llamársele, fue fundado por “Yonti” y “Yosti”, dos jóvenes barberos de Apartadó, quienes han reunido junto a ellos a una importante colonia de gente joven del Úrabá. “Nosotros no somos de acá, si vemos a algún paisano en la calle, gente que conocimos allá en los barrios de Apartadó, pues intentamos ayudarle, acá le enseñamos de barbería y le dejamos ganarse sus clientes, eso sí, desde que quieran y le pongan empeño”, dicen.

La gente que viene a motilarse es bastante diversa: niños, hombres y mujeres afro, albañiles, pintores, malabaristas, lesbianas. Todo aquel que quiera un corte con máquina a la moda. “Nosotros no discriminamos, aquí viene todo tipo de gente, hasta los que uno sabe que andan en malos pasos, pero igual son gente y son clientes, nosotros miramos lo bueno, no queremos ver solo lo malo”, aseguran.

 MG 7794 copiaEntre cliente y cliente, Óscar Ruiz, uno de los aprendices de barbería, pone a sonar su equipo de sonido con todo tipo de música caribeña: reggae, champeta y reguetón. El ritmo fuerte invade a todo Prado y la sangre del Úrabá se prende: los barberos empiezan a bailar, a hacer coreografías improvisadas y a echarse chistes entre sí.

“Desde los 12 años yo ando en la calle”, dice Oscar. “Por aquí ya me conocen, nadie me molesta, ni la policía. Eso es lo bueno de ser trabajador. Yo trabajo todos los días, domingos y festivos. Mi descanso es la barbería, mi sueño es tener mi propio local”, confiesa mientras le arregla el corte a Felipe Castaño, un mecánico del centro que había pasado toda la mañana entre latas y aceite de motor.

“¿Cuánto le cobraste al malabarista?”, le preguntan a Óscar. “¿Otra vez trabajando por dos mil?” “No”, replica él, “Me dio cuatro mil quinientos”. Mientras discuten empiezan a caer gruesas gotas de agua. “Recojan todos que está lloviendo”. La Barbería La Calle, con aprendices de todo el Urabá, se levanta rápida como el rayo. “Ese es el único problema”, dice Oscar, “Cuando llueve no podemos trabajar y todavía me falta para conseguirme lo de la pieza”.

El centro de una ciudad es su corazón: punto de encuentro obligado para viejos y jóvenes, pobres y ricos, trabajadores y vagos. Todos ellos son la ciudad, Medellín, la blanca, la negra y la india. 

Por Agustín Patiño

En el marco de la campaña de seguridad “Medellín cuenta conmigo”, se realizaron tres microhistorias de habitantes de la comuna 10, historias reales de personajes con un pasado duro lleno de tropiezos. La primera historia toca la vida de Fabián, un joven proveniente de Puerto Berrio Antioquia que se suma a las víctimas de la calle y la delincuencia. 

Este joven crece con limitaciones físicas producto de su esquizofrenia y un problema en uno de sus ojos, sin embargo, enamorado del campo y del trabajo que allí se desarrolla transcurre su infancia, su adolescencia y parte de su juventud; hasta que sede al influjo de las drogas. Al principio cuenta Fabián que era muy divertido, socializaba con mucha gente y todo marchaba bien, al cabo del tiempo todo empezó a cambiar, su cuerpo le empezó a pasar factura por el abuso, su enfermedad empeoró y no tenía dinero para sostener el consumo.

Decidió acercarse a los malos pasos que lo llevo a otras problemáticas aún más complejas, las que lo obligan a salir de Puerto Berrio Antioquia para llegar a Medellín, una ciudad desconocida para él.

Con poco dinero trata de conseguir donde quedarse, los primeros días todo andaba bien, pero al ser víctima de robo en el lugar donde habitaba todo se complejizó ya que al perder el poco dinero que tenía, no pudo pagar el hotel donde se estaba quedando ni comer.

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Esta dura situación deriva en tener que dormir en la calle por varios días, sin embargo, no desistió en su empeño de conseguir empleo y logró un trabajo temporal con el cual se sostuvo un tiempo, en busca de un futuro mejor da con unos talleres de la Escuela de Cine Gonzalo Mejía, en ese lugar encuentra apoyo, cariño ese tan esquivo para él en los últimos meses, esto le da fuerza para estar mejor, ahora sigue en la búsqueda de oportunidades que le permitan sostenerse en Medellín de manera digna.

Esta historia hace parte de la serie de Microhistorias “A pesar del pasado” las cuales involucran a otros dos personajes que, a pesar de caer en situaciones complejas de la existencia, gracias a su lucha, determinación, cambio en la toma de decisiones y también al apoyo de programas de la alcaldía de Medellín han logrado cambiar sus condiciones de vida.

Las tres microhistorias se van a socializar el 15 de noviembre en el Teatro Porfirio Barbab Jacob a las 5:30 de la tarde.

Este proyecto hace parte de una campaña de la Secretaría de Seguridad, y Convivencia de la Alcaldía de Medellín, que busca impactar en la historia de vida de muchos jóvenes de nuestra ciudad, potenciando la empatía, la toma adecuada de decisiones y que estos jóvenes se den cuenta que hay otros caminos y oportunidades que pueden aprovechar, que la legalidad es importante, que te abre puertas para estudiar y trabajar.

La idea es que esta iniciativa no se quede solo en la presentación de las historias, es poder llevar estos ejemplos de vida a muchas personas, con capacitaciones y sobretodo tratado de llegar al corazón de estos muchachos que necesitan darse cuenta que el mundo es mucho más que el contexto en el que crecieron, es una manera de apostarle al futuro y a una sociedad sostenible.

Por Diego Alejandro Restrepo Urquijo

El pasado 12 de octubre en la mañana, la concejal Daniela Maturana Agudelo, del Movimiento Creemos, dio apertura en el hall del Concejo de Medellín a la exposición “Voces”.

Una muestra artística realizada por niños, niñas y adolescentes en procesos de protección y restablecimiento de sus derechos a través de la Secretaría de Inclusión Social y Familia, que participan en los talleres de Artes Plásticas y Terapia del Centro de Diagnóstico y Derivación.

La concejal Daniela Maturana Agudelo, promotora de la exposición, manifestó que “Voces” es la representación de cómo ven el mundo estos menores y expresan sus posturas frente a la vida, es la posibilidad de conocer sus sueños y sus planes de vida, me alegra mucho tenerlos aquí porque son personas que sueñan con viajar, ser profesionales y hacer realidad sus proyectos de vida.

Todos los artistas son niños y niñas con grandes capacidades a los que agradezco por compartirnos su talento, sus sueños y sus emociones; me siento muy honrada de que hoy nos estén acompañando y nos enseñen un poco de su arte, puntualizó la concejal Maturana.

La muestra artística estará exhibida en el Concejo de Medellín hasta el 31 de octubre. 

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Dos jóvenes beneficiadas de las Becas de Educación Superior con recursos de presupuesto participativo de la comuna 10 La Candelaria hablan de su experiencia, desde su largo proceso de ingreso hasta la continuidad y el cumplimiento oportuno para el pago de cada semestre.

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Jóvenes de la comuna 10 hablan en relación a la participación... "puede ser que no hay difusión suficiente". Piden empoderamiento para la apropiación de lo público, que se les convoque más allá de las becas de educación superior. Entre sus propuestas está la inclusión desde la edad infnatil para apropiarse del tema cultural y convocarles desde los medios de comunicación. 

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